El camino surcado de Manos Unidas

La labor de Manos Unidas no entiende de fronteras, su única meta es luchar contra el hambre y la pobreza allí donde sea necesario. Desde hace sesenta años, sus misioneros y voluntarios han recorrido el mundo con el fin de acabar contra la pobreza y luchar por la realización de los Derechos Humanos. En 2019 se celebra su aniversario a través de la campaña “La mujer del siglo XXI. Ni independiente, ni segura, ni con voz”, y para compartirlo con ellas, visitaron nuestro plató dos mujeres vinculadas a Manos Unidas: la hermana Regina Casado, religiosa y misionera de la Real Orden del Niño Jesús en Senegal, y Encarnación Pérez, delegada diocesana en Cuenca.

“El objetivo principal de la campaña es que defendemos los derechos humanos con hechos. creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas, y desde siempre, desde el año 59 en el que comienza la actividad de Manos Unidas, siempre hemos defendido lo mismo. En estos momentos lo subrayamos porque entramos en un trienio en donde queremos revivir, reivindicar, subrayar lo que ya llevamos trabajado durante tantos años. lo que hacemos este año es celebrar de alguna manera, homenajear a aquellas mujeres que se desafiaron a sí mismas y al mundo entero declarando la guerra al hambre; pero en realidad es más conmemorar, porque la celebración vendrá el día en que de verdad se erradique la pobreza y no haya nadie que pase hambre: ni hambre de pan, ni hambre de cultura ni hambre de Dios.”

La mujer del siglo XXI, tal y como dice el nombre de la campaña, sigue dependiente, insegura y sin voz. Encarnación Pérez nos cuenta que “tenemos que distinguir entre la realidad que vivimos nosotros y la realidad en donde trabajamos como Manos Unidas. En nuestro medio, evidentemente, hemos evolucionado, aunque todo no está conseguido. No obstante, estamos a años luz de aquellas otras mujeres que ni son independientes, ni son escuchadas y no viven seguras y eso es lo que a nosotros nos preocupa de manera especial, y es la preocupación que queremos lanzar a toda la sociedad de Occidente. Especialmente en España es un momento de un gran entusiasmo y de una actividad grande en las 72 diócesis de España.”

La hermana Regina Casado lleva más de cuarenta años dedicados a la misión en Senegal, a través de la Real Orden del Niño Jesús, un acto que le salió del corazón, tal y como nos cuenta ella. “Me salió del corazón de ver tantas chicas y niños sin escolarizar. Estuve en Senegal un año y me di cuenta del problema grande de la falta de instrucción y educación. Los niños por la calle rodando, porque estoy en una barriada de Dakar muy periférica, no pobre pero miserable, y me di cuenta de que sí, a los niños hay que educarlos, pero si no se educa también a las madres, hace falta mucho tiempo para educar. Vi la necesidad de formar a las niñas jóvenes que no habían estado nunca en la escuela, o algunas que habían empezado y habían abandonado, porque en Senegal la mujer está muy sumisa a la vida de la familia y el poder del padre y de la madre hasta el matrimonio.”

La Real Orden del Niño Jesús nació hace tres siglos y medio en Francia, gracias a un religioso que sintió preocupación por los niños pobres que deambulaban por las calles. “Ese hombre vio la miseria de los niños en las calles en tiempos de Luis XIV, cómo los niños de las familias pobres estaban abandonados en las calles, las mujeres también arrastradas e insultadas por los hombre, una desunión grande de familias pobres, mientras que los grandes estaban en el reino. Este señor, viendo esa necesidad en su contemplación de oración, veía la presencia de Jesús Niño abandonado en un pesebre y dijo: estos niños son los representantes de ese Jesús que ha venido a salvaros a todos y a transmitir una vida de hijos de Dios.”

Con esta ausencia de libertad para elegir su propio presente y futuro, la hermana Regina sintió la necesidad de contribuir a esa escolarización e instrucción de mujeres y niños. “Empecé con un grupo de chicas y como no teníamos a dónde ir, pedimos a Manos Unidas que nos ayudara a construir un centro para instruir a esas chicas. Respondieron inmediatamente, porque eran chicas de catorce años para arriba, y a algunas de ellas las llevan al matrimonio, y estas tenían la suerte de empezar a hacer algo. Manos Unidas nos financió el proyecto y en un año lo teníamos construído. Teníamos seis aulas y todas llenas de chicas, pasaban las noventa chicas en el centro, solo de barriadas de alrededor de donde yo vivía. Enseguida vimos la importancia de una formación integral de la mujer, dar esa información global para que la mujer caminando y descubriendo sus valores pueda tener una visión de futuro donde ella se pueda realizar.”

Con motivo de la celebración del sesenta aniversario, la hermana Regina llegó a Cuenca el 6 de febrero, traída por Manos Unidas desde Senegal. “Estoy encantada de estar aquí, porque conozco a gente como Encarni y además he tenido la suerte de encontrar muchos jóvenes y niños que son el presente y el futuro de nuestro país, que no piensan solamente en ayudar al pobre con dinero. También deben saber que la gente tiene muchos valores, aunque sean pobres, y que tenemos que compartir el conocimiento de esa gente, de esos niños y chicas que yo tengo allá, y el de aquí, y orientar nuestra vida a este compartir, a esta solidaridad, paz y amor, sobre todo, del corazón unos con otros.”

Aunque Manos Unidas es una organización que trabaja preferentemente con y a través de congregaciones religiosas, también hay algunos socios locales seglares, como es en el caso de Cuenca. Su delegada diocesana en la capital nos cuenta que las organizaciones religiosas son las que dan más garantía de continuidad, en conjunto con los sacerdotes. “A Manos Unidas le importa mucho, no solo conocer la necesidad, hacer un buen diagnóstico de la situación, un pronóstico de garantías, y con ello, aprobar el proyecto, buscar la financiación, pero sobre todo que ese proyecto se ejecute y tenga garantía de continuidad; y eso a través de las órdenes religiosas se está consiguiendo.Desgraciadamente hay que rechazar proyectos, no todos los que se presentan se aprueban. Si se pudieran aprobar todos, indudablemente se aprobarían, pero siempre con garantía de ejecución”

El día 8 de febrero fue el día central de la campaña y celebración del aniversario, en el que se realizaron varias actividades en la ciudad de Cuenca. Fue un día de ayuno voluntario, “que tiene una motivación de sacrificio muy importante. En la Iglesia católica no solo es importante hacer cosas, sino privarnos para hacerlas y donarlo a los demás, a los que menos tienen”, nos contaba Encarni. Por la tarde se celebró una misa en la iglesia de San Esteban, a manos del obispo José María Yanguas Sanz, y posteriormente se inauguró la campaña en el palacio de la Diputación Provincial. La campaña comienza y abre un período de tres años durante los que Manos Unidas seguirá defendiendo los Derechos Humanos y luchando contra la pobreza y el hambre, y para ello, la hermana Regina nos invita a visitarla en Senegal, conocer la misión y trabajar con ella mano a mano, unidas.

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