Julio Higueras: “Para un niño con trece años, una situación así, constituye una inmensidad que da mucho miedo”

Las personas con discapacidad tienen que enfrentarse a diario a innumerables barreras físicas, psicológicas y sociales. Julio Higueras es un maestro jubilado por incapacidad que a sus 60 años sigue siendo un ejemplo de superación, tenacidad, entusiasmo y optimismo. Es un hombre comprometido socialmente y polifacético. A la edad de 13 años sufrió un accidente con un explosivo de dinamita y como consecuencia perdió casi toda la visión y tres dedos de la mano izquierda. Tiene como afición la pintura, que le ayuda a canalizar su energía positiva y a encontrar la fortaleza que le permite seguir adelante. En un diccionario o enciclopedia, podríamos ver su fotografía junto a la palabra “resiliencia”. En “Ver Diferente” Julio nos dio más detalles acerca de cómo fue su accidente y todo el proceso de adaptación a la nueva situación a la que se vio obligado a enfrentarse.

Lo que empezó como un juego de niños se convertiría en la peor pesadilla para Julio. Una tarde, el pequeño Julio y sus amigos decidieron que sería una buena idea encender una hoguera en la antigua resinera conquense y lanzar algunos cartuchos que uno de los niños había cogido a su padre. Tras esperar el tiempo que consideraron necesario y ver que no explotaban, Julio decidió coger una de las cargas e introducir una cerilla. El problema fue que no le dio tiempo a desprenderse de ella y el estallido se produjo en sus propias manos. “Como consecuencia de la explosión tuvieron que amputarme tres dedos de la mano izquierda pero lo más grave fue que también afectó seriamente a mis ojos”, perdiendo la visión total del derecho y quedando el izquierdo bastante dañado, indica a los micrófonos de Radio Diferencia.

Tras el accidente que le podría haber costado la vida a él y a sus compañeros, tuvo que permanecer más de tres meses en Madrid: dos ingresado en el hospital y el resto del tiempo en casa de sus tíos porque debía acudir cada día a consulta para que le realizaran las curas oportunas. Todavía le tiembla la voz al recordar lo costoso que fue volver a su vida diaria: “Fue muy duro y complicado, tanto en la reincorporación a mis estudios, como en el resto de actividades diarias. Había perdido muchas capacidades y había pasado mucho tiempo. Si a todo esto añadimos que me encontraba en plena adolescencia…” sentencia el maestro.

Julio resalta durante la entrevista que hace 45 años el reconocimiento que se les daba a las personas discapacitadas era prácticamente nulo, permaneciendo olvidados en el ámbito personal, educativo, sanitario…lo que establecía una gran barrera para el desarrollo de su vida cotidiana.  “Para un niño con trece años de edad, -indica Julio- una situación así constituye una inmensidad que da mucho miedo”. Durante la fase más complicada de su vida siempre tuvo el apoyo incondicional de sus padres, los cuales sufrieron tanto o más que él mismo toda aquella situación tan desgarradora. En este sentido, Julio asegura que “aunque viviera mil años no tendría tiempo suficiente para agradecerles todo lo que han hecho por mí”.

Una vez más la voz de Julio resulta temblorosa y repleto de emoción relata que sus padres, tío y primos siempre fueron su pilar fundamental y su aliento cuando ocurrió el fatídico suceso. Más tarde, cuando formó su propia familia, encontró un nuevo impulso por el que seguir luchando. En este aspecto indica, repleto de ternura, que sus hijas son increíbles, muy cariñosas y la mayor recompensa que podría haber tenido. Pero sobre todo destaca a su mujer, afirmando: “Siempre me ha cuidado con esmero”.

Para Julio la enseñanza era uno de los motores de su vida, pero una vez más su camino se complicó. Como consecuencia de un agravamiento en la vista debido a la tensión ocular (glaucoma) que padece, se vio obligado a dejar la docencia. Una vez más, denota optimismo en sus palabras indicando que lo único que podía hacer era sobreponerse y mirar el lado positivo de la situación a la que tenía que enfrentarse. “No obstante –asegura- tener que jubilarte con 39 años es algo que no se supera con facilidad”.

Además de ilusión, aliento y energía positiva, Julio derrocha humildad. Tras todo lo sufrido, todo lo superado, todo lo luchado y todo lo ganado, asegura: “No creo que la historia de mi vida tenga nada de especial, sino que la historia de cada uno es especial en sí misma”. Se muestra como si la suya no fuera una historia de superación, como si sobrevivir a una explosión de dinamita con tan solo 13 años, reanudar los estudios y ser un maestro adorado por alumnos y compañeros fuera tarea fácil. No es que sea una historia de superación, para mí eres un héroe, papá.

Entrevista de Laura HiguerasTexto de Laura Higueras. Fotografías de Julio Higueras para #makinguclm

 

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